A treinta años de la creación de Razón y Palabra, el Observatorio de Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador conversó con sus fundadores, Octavio Islas Carmona y Fernando Gutiérrez Cortés, para reconstruir la historia, el propósito y la proyección de una de las revistas pioneras de la comunicología digital en Iberoamérica.
Más que una conmemoración, ambas entrevistas revelan una idea compartida: Razón y Palabra nació como una apuesta por democratizar el conocimiento, romper con las estructuras cerradas de la academia y construir un espacio abierto para pensar la comunicación en tiempos de transformación tecnológica.
Octavio Islas, catedrático universitario y comunicólogo mexicano actualmente residiendo en Valladolid, España, recuerda que la revista comenzó a gestarse en 1994, en el Tecnológico de Monterrey, cuando internet todavía era un territorio desconocido para gran parte de la academia. En ese contexto, un grupo de profesores y estudiantes decidió crear una publicación digital dedicada a los estudios de comunicación.
“Fuimos pioneros, fuimos visionarios”, afirma Islas al recordar que la revista surgió en una época en la que incluso existía escepticismo frente al impacto que tendría internet en la producción de conocimiento. Para él, Razón y Palabra fue también una respuesta a las dinámicas excluyentes de ciertos sectores académicos que hasta entonces monopolizaban la publicación científica en comunicación:
“Realizamos convocatorias abiertas, e incluso le dimos a personas con las que no necesariamente comulgábamos en ideas, la posibilidad de dirigir algunos números de Razón y Palabra. Entonces aseguramos la pluralidad y una postura abierta. La revista no respondía a ningún cacicazgo ni a ningún grupo que pretendiera controlar el discurso de la academia dedicada a la investigación de la comunicación”.
En esa misma línea, Fernando Gutiérrez, director de la División de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey, explica que la revista nació para llenar un vacío evidente: la ausencia de espacios digitales abiertos, ágiles y accesibles para difundir investigación más allá de las fronteras nacionales. Desde el inicio, el objetivo fue crear un punto de encuentro para investigadores, docentes y estudiantes interesados en pensar la comunicación desde América Latina, pero con una vocación iberoamericana y global.
Mantener vivo el proyecto durante tres décadas representó múltiples desafíos. Gutiérrez recuerda que uno de los primeros retos fue legitimar el valor académico de lo digital en los años noventa:
“No había ese reconocimiento que hoy damos por sentado. Había que convencer a la comunidad académica de que lo digital no era un soporte menor, sino un nuevo ecosistema intelectual. Internet era un medio completamente desconocido para millones de personas y nos tocaba hacer esta labor de convencer particularmente a la academia de lo importante que iba a ser este entorno”.
A lo largo de estos treinta años, la esencia de Razón y Palabra no ha cambiado: construir un espacio generoso, crítico y plural para la comunicología iberoamericana. Para Islas, esa apertura también implicó dar protagonismo a nuevas generaciones de investigadores:
“En Razón y Palabra publicaron alumnos también. Algunos alumnos fueron directores de la revista y nosotros seguíamos sus indicaciones. Esa fue una política que observamos como un principio de humildad, permitir que nuestros alumnos crecieran”.
La llegada de la revista a la PUCE, en 2018, representó no solo la permanencia del proyecto, sino también su renovación institucional y académica. Según Gutiérrez, esta transición “fue la forma de asegurar la permanencia y abrir además una nueva etapa latinoamericana”, mientras que Islas considera que el proyecto encontró estabilidad y proyección en Ecuador:
“La revista quedó en las mejores manos. Tanto Marco López como Jorge Cruz eran lo suficientemente comprometidos y confiables como para continuar el trabajo. Además, la PUCE tiene la credibilidad, la solvencia y la autenticidad para sostener el proyecto”.
Actualmente, el trabajo impulsado desde el Observatorio de Comunicación de la PUCE mantiene afinidad con el espíritu original de la revista, especialmente en temas como narrativas digitales, alfabetización mediática, desinformación e inteligencia artificial. Para Gutiérrez, esta nueva etapa permite que Razón y Palabra dialogue con las principales agendas contemporáneas de la comunicación y fortalezca su alcance regional.
A futuro, ambos investigadores imaginan una revista capaz de seguir transformándose junto con los ecosistemas digitales contemporáneos. Desde nuevas formas de publicación y visualización del conocimiento hasta el análisis crítico de fenómenos como la inteligencia artificial generativa, la automatización cultural o los sesgos algorítmicos, Razón y Palabra busca continuar siendo un espacio para comprender las nuevas ecologías de la comunicación.
“Razón y Palabra deberá seguir siendo un laboratorio para experimentar, un repositorio y también una brújula para mirar hacia dónde van los temas de relevancia. La comunicología no solo deberá estudiar medios; deberá estudiar ecologías completas de información, nuevas formas de interacción, subjetividad y vida social”.
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